Por: Juana Mercedes

SANTO DOMINGO. En República Dominicana se ha activado la jornada de vacunación contra el Covid-19 con más de 100 mil personas inmunizadas, de acuerdo con los reportes  del Ministerio de Salud Pública, pero es bueno tener claro que  la respuesta inmunológica se activa aproximadamente dos semanas después de la primera dosis.

Recapitulando lo que sabemos de inmunología, tras ser inmunizados (ya sea de forma natural –infección– o artificial –vacuna–) nuestro sistema inmune adaptativo se activa y produce anticuerpos. Para ello, el sistema inmune desarrolla un tipo de células productoras de anticuerpos llamados plasmablastos en un proceso dependiente de la generación de linfocitos T y B específicos.

Este proceso dura aproximadamente unos 10 días. Si nos fijamos en los resultados de la vacuna, aquí es precisamente donde se separan las curvas de los pacientes que han recibido la vacuna (quedan protegidos) y los que han recibido el placebo (se siguen contagiando).

Dicho esto, hemos de recordar que esta protección empieza 10 días tras la segunda dosis. Por tanto, empezar la pauta de la vacunación no quiere decir ni mucho menos que ya esté todo hecho, sino que falta un mes para que esta haga efecto pues la segunda dosis se administra 21 días después. Ahí es cuando nuestro sistema inmune empieza la cuenta atrás de 10 días para quedar protegidos.

Dicho esto, ¿son posibles las reinfecciones de gente que ya ha superado la enfermedad? Hace unas semanas, en las noticias salía que los anticuerpos de la gente que había superado la infección disminuyen con el tiempo. Esto es un mecanismo normal.

Nuestro cuerpo produce a diario anticuerpos frente a sustancias extrañas. Si estos no decayesen con el tiempo, cuando tuviésemos 40 años nuestra sangre sería gelatina de la cantidad de proteína que tendríamos (los anticuerpos al fin y al cabo son proteínas).

Si hemos generado anticuerpos, no importa que decaigan con el tiempo porque para ello hemos generado linfocitos T y B específicos, algunos de los cuáles se diferencian hacia células de memoria y nos acompañarán durante el resto de nuestra vida para volver a activarse si fuese necesario.

Esto también explica por qué apenas hay casos de reinfecciones. A día de hoy, hemos tenido más de 70 millones de infecciones confirmadas en el mundo, y menos de 100 casos confirmados de reinfección.

Pero es que la mayoría de estos casos han sido asintomáticos. Por ejemplo, si hemos pasado la varicela (que solo se pasa una vez en la vida) y medimos los niveles de anticuerpos en nuestra sangre frente a la enfermedad probablemente sean indetectables. Pensaremos que no estamos protegidos. Sin embargo, no es el caso, porque nadie (o casos muy excepcionales como gente con inmunodeficiencias o inmunocomprometidos) pasa la varicela dos veces.

¿Por qué sucede esto? Porque tenemos linfocitos T y B de memoria, que tan pronto se encuentren el virus de la varicela se activarán y pondrán el sistema inmune en marcha (incluyendo la producción de anticuerpos que es sólo una pequeña parte de nuestro sistema inmune adaptativo) y se detendrá la infección antes de que nos demos cuenta.

De hecho, si nos encontramos al lado de una persona que está infectada de la varicela, el virus no va rebotar en nosotros. Por supuesto que va a entrar en nuestro cuerpo, pero nuestro sistema inmune lo neutralizará antes de que nos enteremos.

Sin embargo, si nos hacemos una PCR saldrá un resultado positivo para el virus. Por supuesto que lo somos, pero no desarrollamos la enfermedad. Esto es precisamente lo que esta pasando con los casos de “reinfecciones por covid-19”.

Obviamente habrá casos puntuales de reinfecciones reales donde la gente desarrolle patología, pero serán muy puntuales, al igual que la gente que pasa 2 veces las paperas, la varicela o el sarampión. Las excepciones no son ni mucho menos la norma.

Si ya hemos pasado la covid-19 no es necesario vacunarse. Esto es debido a que, en primer lugar, la inmunidad otorgada por una vacuna nunca va a ser tan efectiva como la inmunidad otorgada por una inmunidad o infección natural.

Por tanto, no sería necesario vacunar a las personas que tengan un diagnóstico previo confirmado de covid-19, aunque la hayan pasado de forma asintomática, ya que han activado su sistema inmune adaptativo y, por tanto, presentan células de memoria.

Es cierto que vacunar a estas personas no les hará mal, pero tampoco otorgará ninguna ventaja. De hecho, esta estrategia generaría un gasto adicional de vacunas y retrasaría la vacunación a gente no inmunizada y que realmente lo necesita.

Dicho esto, en este punto es importante tener en cuenta que el diagnóstico debe haberse validado con una PCR o con un test rápido de antígenos, ya que la presencia de anticuerpos reactivos frente al SARS-CoV-2 no es necesariamente indicativo de haber pasado la enfermedad. Podría deberse a un mecanismo de inmunidad cruzada donde no sabemos si este mecanismo confiere una inmunidad total o bien sólo parcial.

Cuando nos hayamos vacunado, tanto la mascarilla como las medidas de distancia social seguirán siendo necesarias hasta que hayamos conseguido la ansiada inmunidad de grupo.

Esto es debido en primer lugar a que aún no sabemos si los vacunados, pese a estar inmunizados, son un foco transmisor de la enfermedad. Parece bastante improbable, pero aún no lo podemos descartar.

Pero hay otro aspecto mucho más importante, y es la discriminación biológica subyacente similar a la que se propuso con el “pasaporte biológico” para los que hayan superado la infección.

Si permitimos una serie de prebendas y ventajas para los individuos inmunizados, estaríamos cruzando una barrera ética y legal muy peligrosa. Pensemos al revés. ¿Qué opinaríamos si en una entrevista de trabajo preguntamos si la persona es portadora del HIV? La situación es la misma, ya que estaríamos haciendo discriminación positiva en base a parámetros biológicos.

Hay que tener en cuenta además que no todo el mundo se puede vacunar, como son algunos pacientes inmunocomprometidos o, por ejemplo, personas con alergias severas (y aquí me refiero a personas que llevan consigo la aguja de adrenalina todos los días).

Esto es precisamente lo que sucedió en dos personas del Reino Unido, pero es que para este tipo de personas no está recomendada ni esta ni ninguna otra vacuna. ¿Estamos, por tanto, dispuestos a discriminar a los que no puedan ponerse la vacuna, o decidan en su libertad individual no ponérsela?

Si cruzamos esta barrera, ¿dónde ponemos el límite? Finalmente, pero no por ello menos importante, hay otro aspecto a tener en cuenta. Si permitimos que las restricciones se levanten para las personas vacunadas, mucha gente trataría de conseguir la vacuna de forma privada para volver a su antigua libertad (algo que no todo el mundo se puede permitir económicamente). Por no hablar del mercado negro que surgiría no solo de falsas vacunas, sino de falsos certificados de inmunización.

Por tanto, y lamentablemente para todos, hasta que no hayamos logrado alcanzar la inmunidad de grupo la respuesta es que sí. Las medidas de seguridad y distancia social deberán seguir manteniéndose para que todos podamos disfrutar de una desescalada segura y no discriminatoria.

El proceso a la fecha abarca personal de salud, maestros del nivel básico y envejecientes, conglomerado que no debe bajar la guardia y continuar usando las mascarillas, respetar el distanciamiento y continuar con el lavado constante de manos.

 ¿Y qué pasa con las personas que ya han sido vacunadas?, ¿ya pueden volver a su vida “normal”?. Esto es lo que dicen dos expertas de la Organización Mundial de la Salud:

¿Cuándo se activa la inmunidad y cuánto tiempo protegerá al vacunado y a los demás?

Las vacunas aprobadas actualmente contra el COVID-19 son todas de dos dosis. Después de la primera dosis, existe una buena respuesta inmune que se activa aproximadamente dos semanas después de ser aplicada.

Sin embargo, es realmente la segunda dosis la que luego aumenta esa respuesta inmune y la inmunidad ya adquirida se vuelve aún más fuerte después de su aplicación dentro de un período de tiempo más corto.

“Todavía no sabemos cuánto tiempo dura la inmunidad de las vacunas que tenemos a mano en este momento. Estamos siguiendo a las personas que han recibido vacunas para averiguar si su respuesta inmunitaria es duradera y para saber el tiempo durante el cual están protegidas contra la enfermedad. Así que realmente tendremos que esperar a que pase el tiempo para ver cuánto dura la efectividad de estas vacunas”, explica la doctora Katherine O’Brien, experta en vacunas de la OMS.

Después de ser vacunado, ¿puedo contraer COVID-19 y también puedo infectar a otros?

Los ensayos clínicos demostraron que las vacunas protegen a las personas contra el desarrollo de la enfermedad de COVID-19, que puede ser leve, moderada o grave.

Lo que aún no se sabe de los ensayos clínicos es si las vacunas también protegen a las personas de simplemente infectarse con el virus SARS-CoV-2 y si protegen o no contra la transmisión a otra persona.

“Entonces, esta es una parte realmente importante de nuestra comprensión sobre lo que hacen estas vacunas. ¿Solo protegen contra enfermedades o también protegen contra la infección y la transmisión a otra persona, incluso si no tiene ningún síntoma?”, explica O’Brien.

La comprensión científica del efecto de las vacunas va evolucionando a medida que surgen más estudios.

“Estamos aprendiendo sobre la protección de las vacunas y una cosa que está clara es que la mayoría de los ensayos clínicos han reportado una protección contra la enfermedad grave que significa hospitalización y muerte. Y en los ensayos clínicos que se han realizado hasta ahora con los siete u ocho candidatos que conocemos, no ha habido ningún caso de muerte o caso grave en el grupo de los vacunados, sin importar cuál recibieron”, asegura la científica jefa de la OMS, la doctora Soumiya Swaminathan.

La experta explica que recientes informes indican que aquellos que han sido vacunados y se infectan podrían tener una carga viral menor, y, por lo tanto, menos posibilidades de infectar a otros.

“Pero hasta que no sepamos completamente sobre esto, es importante que las personas, incluso después de la vacunación, tomen precauciones, usen una mascarilla, se laven las manos, y mantengan el distanciamiento físico, porque incluso si tienen una infección asintomática y puede que no se enfermen porque recibieron la vacuna, aún podrían portar el virus y contagiarlo a otras personas. Por tanto, debemos asegurarnos de controlar la propagación de la infección”, afirma Swaminathan.

La doctora O’Brien por su parte ha recordado que además tampoco ninguna vacuna es 100% eficaz.

“Ahora es el momento de intensificar todas las medidas de protección, mientras se distribuyen las vacunas, porque cuanto más circule el coronavirus más posibilidades hay de que mute a una variante que responda peor a las vacunas”, dice.

Y, ¿entonces para qué vacunas si tenemos que seguir tomando precauciones? ¿O será solo un tiempo?

Ahora mismo, el mundo se encuentra en una situación en la que todavía hay una transmisión muy amplia en muchos países, es decir, aún está fuera de control, explica la experta Katherine O’Brien.

“Por lo tanto, el tiempo que necesitemos para continuar con estas precauciones dependerá realmente de lo que las comunidades y los países puedan hacer para realmente aplastar este virus, para acabar con la transmisión. Y de esa manera, las vacunas pueden hacer un mejor trabajo para prevenir la enfermedad”, agrega.

O´Brien señala que tampoco existen pruebas todavía para usar la vacuna en algunos grupos de edad, como por ejemplo los niños.

“Así que, por el momento, esos grupos de edad seguirán estando en riesgo de contraer enfermedades e infecciones y podrán transmitirlo a otras personas”.

Otra razón para cuidarse es que las vacunas escasean, por lo que todavía no hay suficientes en la comunidad para proteger a todos.

“¿Por cuánto tiempo debemos continuar esas intervenciones? El tiempo lo dirá. Una vez que tengamos una amplia cobertura de vacunación en la comunidad, cuando sepamos más sobre lo que realmente puede hacer la vacuna para prevenir la infección, y podamos comenzar lentamente a quitar el pie del pedal de estas otras intervenciones y asegurarnos de que la transmisión, nuevamente, no ocurra”, concluye O’Brien.

Hasta la fecha, El Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización de la Organización Mundial de la Salud (SAGE por sus siglas en inglés) ha emitido recomendaciones para tres vacunas específicas: Pfizer, Moderna, y Oxford/AstraZeneca.

Para los tres productos, la recomendación ha sido la misma: no existen datos sustantivos relacionados con el impacto en la transmisión o la diseminación viral. La inmunidad persiste durante varios meses, pero aún no se conoce la duración completa, por lo tanto, deben seguirse utilizando las medidas de salud.

Hay muchos rumores y mitos sobre las vacunas y COVID-19 que circulan en redes sociales, y han hecho a las personas reacias a aplicárselas a pesar de que científicamente se ha comprado que son seguras y efectivas, la doctora O’Brien respondió sobre algunos.

“Las vacunas que administramos no pueden causar infertilidad. Este es un rumor que se ha difundido sobre muchas vacunas diferentes y no hay nada de cierto en el rumor. No existe una vacuna que cause infertilidad”.

Y la seguridad es la parte más importante de esos ensayos clínicos. Cada vacuna pasa por una evaluación de seguridad para asegurarse de que sea segura antes de que se use en el público en general. Además de eso, la fabricación de las vacunas tiene una supervisión constante de la calidad, de ¿Podremos decir adiós a la mascarilla?modo que se garantiza que cada ingrediente que se incluye en la vacuna sea de la más alta calidad y seguro para su uso en humanos”.

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