Por Arturo Pérez Matos.

El PLD  ascendió al poder en el año 1996, auxiliado por Joaquín Balaguer,  en ocasión de la suscripción de Pacto Patriótico, logrando entronizarse en el Estado, ostentando un control absoluto de todos los poderes e instituciones con potestades públicas, apoyados  en la fragmentación  de la oposición y en el animus divisionista del PRD, aprovechando una sociedad y base política frustrada, que observando un PLD fortalecido y cohesionado, lo catapultó hasta convertirlo en la principal fuerza política del país, reinado que culminó con  salida de Leonel Fernández en el 2019.

La desbordada ambición de poder asomó los genes divisionistas presentes en el ADN del PRD, donde fundacionalmente tiene su origen el PLD, en escueto juicio, el mismo terminó PERREDEIZADO.

Danilo Medina, avasallado por la sociedad dominicana en su intento reeleccionista, trató de hacer mutar la reelección en el cuerpo ajeno de Gonzalo-El Penco-Castillo, operación que resultó un éxito, pero el paciente falleció, se equivocó  en la escogencia de su posible sucesor, Gonzalo no tiene formación política, padeciendo de un trastorno psicosomático que le impide organizar las ideas, siendo incapaz de conceptualizar con hilaridad y comunicarse adecuadamente.

Además la falencias que le han hecho ganar por sus continuos errores elementales, la percepción de que en su persona  habita intrínsecamente la combinación fatal de torpeza-idiotez, la cual por ósmosis se ha transmitido a la psiquis de los electores, resultando invariable, a pesar de los esfuerzos que para mitigarla realiza el Danilismo, candidatura que en adición a sus carencias, ha recibido el tiro mortal de las consecuencias y costo político de los hechos ocurridos el 16 de febrero, con el intento de fraude -sabotaje de las elecciones municipales, generadores de un estado colectivo de indignación, motorizador de incesantes protestas protagonizadas mayoritariamente por los jóvenes.

Quienes decidieron asumir un rol sociopolítico, despertando de su letargo y agenciándose el apoyo de la ciudadanía, todo lo cual se ha expresado en un total rechazo al PLD,  como órgano político, comprobado fehacientemente por los resultados arrojados por las últimas encuestas, los cuales atestiguan su estrepitosa caída, evidenciando que simple y sencillamente: “El pueblo se hartó del PLD”,  reeditándose lo ocurrido en 1978, cuando todos los  sectores sociales se unieron y en convergencia,  bajo un grito de cambio, desalojaron del poder a Balaguer.

 ¡ Terminó la Era Morada, de descarada corrupción, donde sus principales actores se enriquecieron a una velocidad cósmica, aplicando simulación e hipocresía.

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